sábado, 4 de junio de 2011

La Real Academia de la Historia aviva la polémica ideológica en España

Asistimos estos últimos días a una nueva polémica historiográfica de esas a las que algunos en España son tan aficionados. Esta vez, a cuento del Diccionario Biográfrico Español y la entrada correspondiente, ¡cómo no! a Franco.

En este caso, la polémica surge por la consideración que el historiador encargado de elaborar su biografía hace del régimen político que instauró en España. Por lo visto, autoritario no es suficiente para algunos para explicar el sistema político español desde 1939 hasta 1975. ¿Será que un régimen autoritario no es, en realidad, una dictadura, bien unipersonal o colegiada, pero dictadura al fin y al cabo?

Personalmente, me parece increíble que, a estas alturas, estemos a vueltas siempre con la misma película: guerra civil arriba y abajo (hecho que concluyó, afortunadamente, el 1 de abril de 1939) y en todos los ámbitos posibles: cine, literatura, tertulias,...

La Guerra Civil española es, dicen los historiadores, el hecho histórico sobre el que más se ha escrito y, todavía, andamos a vueltas con él, buscando vencedores y vencidos, intentando demostrar que los nacionales mataron a más personas que los republicanos, defendiendo que la República era un régimen absolutamente democrático,... Cuestiones en las que es muy difícil encontrar un consenso porque, en casi todos esos temas entra en juego la subjetividad de quien escribe en base a una serie de documentos y referencias y, por supuesto, la subjetividad de quien lo lee y lo interpreta a su manera.

Es curioso que en un ámbito como la Historia, en el que no deberían existir polémicas (hay unos hechos que han sucedido de una forma y han originado unos resultados), las hay en temas muy concretos y por cuestiones ajenas a la propia Historia. Y, más curioso todavía, que esas polémicas se extiendan a otros ámbitos como la Literatura, el cine, la música, etc.

En la Literatura española del S. XX podemos apreciar esos clichés, derivados de la filiación ideológica real o presunta del autor de turno, que podrían suponer un ensalzamiento de su persona (Rafael Alberti o Lorca, por ejemplo) o un repudio del personaje y su obra (Cela, sin ir más lejos). Estos dos son casos conocidos y paradigmáticos, pero siempre quedan nombres de los que pocos se acuerdan (sobre todo, si cayeron "en desgracia": Concha Espina, Ramiro de Maetzu,...).

Precisamente la música es otro claro ejemplo de la marginación del discrepante. Ya no únicamente por las polémicas de SGAE sí o SGAE no, sino por el modo de actuar ante determinadas circunstancias político-sociales. Loquillo, por ejemplo, que siempre fue uno de los chicos malos del rock en España, volvía a estar en boca de la gente por sus declaraciones sobre la situación actual del país, por ejemplo, en esta entrevista:

Loquillo

Triste es que en pleno S. XXI tengamos que estar preocupados de lo que hacemos, pensamos o decimos por temor a que "alguien" pretenda etiquetarnos de alguna manera. ¿Daremos superado alguna vez este defecto?


1 comentario:

  1. he abieto un blog para le debate sobre liberalismo es: liberaismoradical.blogspot.com

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